Hipnosis y Psicotraining

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  • Toni Oliver
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    ¿Qué es la Programación Neurolingüística (PNL)? , por Vicens Olive
    ¿Qué es la Programación Neurolingüística (PNL)? , por Vicens Olive
    Extracto del capítulo del libro “PNL & Coaching, una vision integradora” escrito por Vicens Olivé Pibernat y un grupo de colaborador@s. Editorial Rigden-Institut Gestalt (2010)

    Una de las definiciones clásicas acerca de ¿qué es PNL? nos dice que es “el estudio de la experiencia subjetiva”. Y sí, lo es, pero, ¿qué es eso de “la experiencia subjetiva”? John Grinder, que junto con Richard Bandler fue el creador de la PNL, la define como “el modelaje de la excelencia humana”. Y también, pero, ¿qué es eso del “modelaje”? Y, sobre todo, ¿Cómo funciona la PNL? ¿Cuáles son sus bases? ¿Para qué sirve? Podemos definir la Programación Neurolingüística como “una forma de aprender adulta”, una epistemología, es decir, una teoría y práctica del autoconocimiento, una forma de “conocer cómo conocemos”. También añado que “trata de los procesos de comunicación, aprendizaje y cambio”, e incluso que es “una forma moderna de aprender a aprender”. Son definiciones que tratan de ayudarnos a hacer algo muy difícil: comprender “a priori” algo vivo como los procesos humanos. A veces digo que es como intentar explicar en qué consiste nadar sin la experiencia de sumergirse en el agua. Queramos o no, la teoría tiene sus limitaciones. No hay una forma suficientemente clarificadora de explicar en una sola definición qué es la PNL, pero eso no nos impide seguir buscando. A raíz de muchos estudios neurofisiológicos actuales ya podemos afirmar que las personas comenzamos el proceso de aprendizaje desde el vientre de la madre y seguimos aprendiendo toda la vida, hasta el último suspiro. Sabemos que hemos de aprender incluso a morir, puesto que las personas que saben morir bien mueren en paz, mientras que las que no lo han aprendido sufren mucho más.

    Si entendemos la vida como un continuo aprendizaje, movido básicamente por la adaptación a un medio siempre cambiante, los aprendizajes deben estar renovándose continuamente para asegurarnos la mejor supervivencia posible, lo cual es todavía más cierto en esta época de cambios tan rápidos y constantes. Efectivamente, nunca la Humanidad había llevado un ritmo de cambio tan rápido como el actual, y si miramos hacia el futuro es fácil imaginar que esa tendencia se irá acentuando cada vez más. Creo que nadie sabe a ciencia cierta hacia dónde vamos ni por qué debemos hacerlo a este ritmo tan frenético, pero por alguna razón ninguno escapamos a ese torbellino, a ese impetuoso movimiento del que todos formamos parte. Se da la paradoja de que somos a la vez sujetos y objetos de ese movimiento, pues el ambiente cambia muy velozmente, lo cual nos hace cambiar a nosotros a igual velocidad, lo que a su vez hace que nosotros generemos muchos cambios ambientales… Y así “in crescendo”, como nunca antes en la historia de la humanidad había sucedido.

    Las neurociencias nos demuestran la maravilla que es nuestro cerebro, el único órgano preparado para el futuro, pues tiene en su constitución la capacidad de establecer una infinidad de nuevas conexiones sinápticas que nos garantizan los aprendizajes que aún han de venir. Sabemos que cuando se establece una nueva conexión sináptica se produce un nuevo aprendizaje. Así, se hace posible lo que decía Séneca: “Mientras vivas sigue aprendiendo a vivir”. Y es que, ¿acaso nos queda otra opción que no sea el aprendizaje continuo? El cerebro tiene dos modos de aprender: por impacto y por repetición. Un trauma consigue impactar nuestra neurología de tal modo que genera una fuerte conexión neuronal. Así, el organismo queda “circuitado”, es decir, con unas conexiones sinápticas tan estrechamente ligadas que puede ser muy difícil reconvertirlas a lo que eran antes de la herida. Esto es en realidad un mecanismo de supervivencia. Es como si al vivir algo muy doloroso nuestro sistema se protegiera recordándonos, a veces de por vida, que eso es peligroso.

    Un ejemplo simple pero ilustrativo es el de tocar una llama y quemarse. De poco sirven las instrucciones de los adultos para que los niños no se acerquen al fuego: sólo que cuando se han quemado ya no hace falta repetirles más la instrucción, puesto que han aprendido en una sencilla, simple y dolorosa experiencia que el fuego quema. Es más, por supervivencia el cerebro generaliza y aprenden que “todos los fuegos, de todas las épocas, queman”. Recuerdo un fragmento de la película El enigma de Gaspar Hauser (1974), de Werner Herzog, un film que trata sobre la necesidad de socialización. Explica la historia de un niño, Gaspar, que es hijo bastardo y por vergüenza de su padre es escondido del mundo en un establo, proporcionándole sólo el alimento necesario para su supervivencia física, pero sin contacto afectivo apenas. Un día, cuando ya tiene cierta edad, se escapa y sale al mundo. La gente del pueblo lo ve raro y se asusta, e intenta ahuyentarlo con una antorcha encendida. Para sorpresa de los aldeanos, Gaspar no muestra miedo al fuego, por la sencilla razón de que nunca antes había estado expuesto a ese estímulo. Por supuesto, se quema, y desde ese momento aprende a temer al fuego... y a sus vecinos. Sobre este rápido aprendizaje, Richard Bandler apunta: “Una fobia es el ejemplo del potencial de aprendizaje de nuestro cerebro, pues exponiéndose a una situación aprende en apenas unos segundos a tener una respuesta intensa que puede durar años”.

    La otra forma de aprendizaje es por repetición. Repetir una y otra vez el contacto con un estímulo, interior o exterior, genera otro tipo de aprendizaje. Los padres y maestros de parvulario sabemos lo que cuesta que una criatura aprenda a atarse los zapatos con el nudo de lazos y la paciencia que se precisa. Una vez conseguido el aprendizaje, éste será repetido e implementado en una infinidad de ocasiones a lo largo de toda la vida. La característica de esta forma de aprender es que por repetición se va constituyendo la conexión sináptica neurológica, hasta llegar al punto donde una vez establecida, es decir, una vez se ha consolidado el aprendizaje, ya es posible repetir éste de forma rápida y eficaz. Decimos aquí que “funcionamos en automático” de manera que podemos estar atándonos el zapato, hablando por teléfono, fumando un cigarrillo y haciendo tal vez más cosas al mismo tiempo, con total precisión y sin error alguno. Una de las formas de aprendizaje que más nos interesa es el que generamos al estar en contacto con los demás. Es obvio que de quien más hemos aprendido es de nuestros padres, familiares cercanos, maestros y tutores, por la simple razón de que estuvimos muchos años en relación con ellos. Los admiramos, quisimos u odiamos, nos alegramos y nos entristecimos con ellos por décadas. Tanto lo que decían como lo que no decían, lo que hacían o no hacían, nos impactaba constantemente, proporcionándonos todo tipo de aprendizajes. En PNL denominamos a esto “experiencias de referencia”, que son las que tomamos para edificar nuestros sistemas de creencias y valores. Muchos de estos aprendizajes nos serán útiles toda la vida, mientras que otros quedarán obsoletos con el paso del tiempo, siendo motivo de problemas y de su posterior revisión y actualización, como veremos más adelante. Sobre esto, recuerdo el título de un libro de Nancy Friday: Mi madre, yo misma (1979), suficientemente explícito respecto a la influencia que pueden llegar a ejercer nuestros progenitores. Y también aquel dicho popular: “Dime con quién andas y te diré quién eres”, que también hace referencia a cómo nos impactan los aprendizajes que desarrollamos en los primeros años de vida. Todo aprendizaje tiene sentido si hablamos en términos de futuro, un aspecto básico en PNL, puesto que aprender algo nuevo implica prepararse mejor para el futuro. Es la ley primaria de la supervivencia. Pero el cerebro aprende de todo y de todos, sin discriminación ética, sin calibrar si ese aprendizaje será útil o inútil en el futuro. Por eso la PNL se focaliza en "aquello que me va a servir”, dejando a un lado el aprendizaje meramente automatizado por el proceso educativo.

    En los escenarios infantiles no sólo aprendemos cosas útiles como atarnos los zapatos, lavarnos las manos antes de comer, leer o escribir, sino que también nos llegan todos los valores y creencias de nuestra cultura a través de nuestros padres, familiares, amigos y educadores. Así, también aprendemos que “eres mejor/peor que tu hermana”, “tú no sirves para eso”, “no te fíes de las personas”, “eres la mejor”, etc. Aprendemos y automatizamos no sólo conductas, sino también actitudes de nuestros mayores, y lo hacemos de dos modos muy elementales: por similitud y por contraste. Si yo vivía a mi padre con mucho poder, y eso me atraía, puedo haber aprendido de él el manejo del poder; o por el contrario, si el verlo tan poderoso me intimidaba, es posible que no haya desarrollado este aspecto en mi vida y aún hoy no me gusten las personas que ostentar poder y no sepa cómo relacionarme con ellas. Tendré en este caso dificultades con la autoridad, sea ésta un jefe, un profesor o quien sea; y, lo que es peor para mí, no habré desarrollado bien mi propio poder personal al estar inhibido en este aspecto, con las limitaciones que eso implicará en mi futuro. Sabido es que en los procesos psicoterapéuticos profundos hay que revisitar todos estos aprendizajes hechos en los primeros años de la infancia. Ya el mismo Freud decía que “durante los primeros años se aprende y luego sólo se repite”. Un buen proceso terapéutico implicará la reestructuración y actualización de dichos aprendizajes en aras de reaprender otros más actuales. Esa será una de las más interesantes aplicaciones de la PNL: la reactualización de aprendizajes. De hecho, esta sería una buena forma de explicar qué es eso de la PNL.

    La P de Programación

    Aprender es más fácil que reaprender. Lo primero se da en los primeros años de vida, cuando las conexiones sinápticas se establecen por primera vez; lo segundo ya es más complejo, pues requiere no sólo aprender de nuevo, sino desaprender lo antiguo. Pensemos que la mayor parte de los aprendizajes infantiles están asociados emocionalmente a la persona o personas de los que aprendemos, por eso a veces cambiar un aprendizaje es dejar de lado también a la persona significativa que nos facilitó tal experiencia y eso no siempre es aceptado por nuestro sistema de entrada. A estos aprendizajes automatizados les llamamos en PNL “programas”. Es, de hecho, la P de las siglas PNL. Un programa es algo establecido y que podemos repetir tantas veces como queramos. Cierto que el término “programa” no suele gustar a nadie, es más, Bandler y Grinder quisieron darle marcha atrás al ver la poca aceptación que tenía, pero fue demasiado tarde, pues el invento de la PNL ya tenía vida propia. Frecuentemente utilizo el término “aprendizaje” como sinónimo de “programa”, pues creo que es de más fácil comprensión en general. Se trata de estrategias aprendidas y de su implementación, independientemente de si son útiles o inútiles, actuales o desfasadas para la persona. Podemos decir que son como las experiencias registradas dentro de nosotros y las pericias del uso de esas experiencias.

    Una buena parte de las intervenciones para facilitar el cambio que empleamos en PNL parten de lo lingüístico, como el denominado Metamodelo de Lenguaje, que estudiaremos más adelante y que nos ayudará a especificar la información, así como el desafío de creencias limitadoras, entre otros usos.

    La N de Neurología

    Neuro (de Neurología, como es evidente) es el término que utilizamos en PNL para referirnos a todo el sistema nervioso-corporal-somático de procesamiento de la información. Es algo así como nuestro disco duro, donde guardamos todos los aprendizajes, conscientes o inconscientes, y muchos de ellos conceptualizados lingüísticamente. No tenemos un cuerpo, sino que somos el cuerpo, como dice también el enfoque gestáltico. Por tanto, la N es nuestra inteligencia somática, nuestro instinto, nuestra intuición. Es lo no lingüístico, si bien está totalmente relacionado (“cuerpo y mente forman una unidad” nos dice una de las presuposiciones de la PNL). Es la base de la vida, de nuestra experiencia del momento, que después dotaremos de significado al interpretarla. Esa N es el cuerpo, lo visceral, lo arcaico, lo vivo. Es esa parte que cuando es dañada, por un accidente o por una enfermedad degenerativa, ocasiona a la persona serias dificultades para hacer un uso normal de la información, como en los procesos de demencia senil, cuando la persona deja de reconocer a las personas allegadas. Es, en definitiva, todo aquello que contempla el sistema nervioso, tanto central como autónomo. Una cualidad de esta Neurología, poco estudiada aún, es su relación con el medio, no sólo por la información que procesa a través de los sentidos, sino por su reciprocidad con el denominado campo, que es nuestra relación y conexión con los sistemas que nos envuelven. El siguiente poema de Lao Tsé nos ilustra esa dimensión poco conocida:


    “Sin salir por la puerta
    se puede conocer el mundo.
    Sin mirar por la ventana
    se puede conocer el camino del cielo.
    Cuanto más lejos se va,
    tanto menos se aprende.
    Por eso el sabio
    sabe sin desplazarse.
    Entiende sin ver.
    Realiza sin hacer.”



    Si utilizamos la metáfora del ordenador para definir nuestro funcionamiento neurológico, sabemos que podemos introducir datos que después, gracias a los programas-aprendizajes de que disponemos, podemos trabajar, cambiar, elaborar, etc. Esa es la visión antigua de nuestro cerebro entendido como un procesador de datos, pero siguiendo con la metáfora del ordenador resulta que también tenemos una conexión al mundo a través de Internet; que nuestro pequeño ordenador ya no es sólo un instrumento aislado en nuestra casa, sino una ventana en interconexión con toda la tierra. Eso viene dado por la conjunción de tecnología y electricidad, pues lo tecnológico es a nuestro organismo lo que lo eléctrico es a la interconexión con ese campo. Ello nos viene dado por la vida que nos engloba, nos precede y nos continuará, aún de forma misteriosa. Es saber que nuestra parte neuro no termina con el sistema nervioso, sino que está en total conexión con el cosmos constantemente, siendo un proceso inconsciente o semi consciente para la mayoría de las personas, es decir, un proceso parecido al del pez y el agua: al pez le resulta muy difícil percatarse de la existencia del agua, pues es el principio y fin de toda su existencia.

    Nuestra N obra igual que una antena que va registrando las diversas frecuencias a las que está sintonizada, y no sólo procesará los aprendizajes aprendidos por la suma de experiencias que vamos acumulando, sino que estará en contacto total y absoluto con el cosmos, formando parte de un todo universal, participando de las teorías de la sincronicidad. Este es un término acuñado por el psiquiatra suizo C.G.Jung, quien lo concibió para describir la singular ocurrencia de dos o más acontecimientos de igual o similar significación sin conexión causal posible. Este principio incluye necesariamente a un sujeto que perciba y experimente en forma consciente el significado común entre un hecho del mundo externo y uno o más del mundo subjetivo interno. La sincronicidad se distingue así del mero sincronismo –ocurrencia simultánea de dos sucesos cualesquiera- y se opone abiertamente al principio causal predominante en la cultura occidental, dominada por el cientificismo: la ley de causa y efecto, o de acción y reacción.

    La L de lingüística

    Por “lingüístico” entenderemos tanto lo verbal como lo denominado no verbal, el qué se dice y el cómo se dice, no sólo las palabras sino lo que las envuelve: los gestos, tonos de voz, etc. Tanto uno como otro forman parte de un todo indiferenciado, que nos sirve para expresarnos y poder así comunicarnos con nuestros semejantes que utilicen códigos de significado iguales o parecidos. El lenguaje es lo que nos distingue como humanos. Es también probablemente lo que nos ha permitido sobrevivir como especie en un entorno hostil. Como animales descendientes de nuestros primos primates, cuando bajamos de los árboles y alcanzamos las planicies no teníamos nada especial que nos garantizara la supervivencia. Apenas si podríamos atrapar una gallina para comer, ni correr más que un león para no ser comidos. Sabemos que todos los animales tienen sus formas de comunicación, que un pájaro no canta para deleitar nuestros oídos, sino para encontrar pareja, o que el gallo no canta al amanecer para despertarnos sino para marcar su territorio y el pavo real no muestra sus encantos para que le saquemos una foto. Nuestros antepasados remotos fueron desarrollando la capacidad del lenguaje, de comunicación tanto verbal como no verbal. Parece que en parte favorecida al ponernos erguidos, de forma que con este maravilloso instrumento podíamos coordinar acciones, sobretodo para cazar. Imagino conversaciones del tipo: “Tú lo asustas, tú no le dejas escapar por allí y nosotros lo agarramos”, que debían ser muy corrientes entre nuestros ancestros.

    A medida que fue evolucionando, la humanidad dejó de ser nómada y el lenguaje, que en un principio era descriptivo de la realidad que se vivía, pasó también a ser origen de suposiciones, dogmas, creencias de todo tipo. Poco a poco entró otra característica totalmente imprevisible: la forma de comunicarse de los humanos de entonces. Fue el hecho de que el lenguaje ya no sólo describía lo que se veía y era compartido por todos, el denominado lenguaje afirmativo, sino que interpretaba. Es decir, pasamos de “lo que es” a lo “imaginario-predictivo-proyectivo” en la mente de cada persona. Dando lugar así a todo un nuevo universo de juicios, significados y aseveraciones, de tal magnitud que podemos decir que en la actualidad, como dice Rafael Echeverría, uno de los creadores del Coaching Ontológico, en su libro Ontología del Lenguaje (1994): “Vivimos en mundos interpretativos”. Ese movimiento llevó asociado un alejamiento de la Naturaleza, de forma que pasamos a vivir de su dependencia total a la explotación de la misma, con todos los problemas ecológicos que se han derivado de tal actitud. Hemos pasado de una actitud de precaria supervivencia a una actitud de explotación de los recursos del planeta. Y si no vamos con cuidado lo vamos a exterminar, como un cáncer destruye a la persona que lo tiene.

    Todo es aprendizaje

    “Aprender y vivir son dos conceptos inseparables” (Peter Wrycza)

    Cuando recibía mi primera formación en PNL uno de los formadores dijo: “Todo es aprendizaje”. De entrada no lo entendí, pues desde mi práctica como terapeuta creía que la terapia quedaba al margen de esta afirmación. Rápidamente me di cuenta, sin embargo, de lo certero de la afirmación: por supuesto que todo es aprendizaje, terapia incluida. Así como en la teoría de la comunicación existe la máxima de que “no podemos no comunicar”, y en la teoría del cambio se afirma que “no se puede no cambiar”, también podemos decir desde la PNL que “no se puede no aprender”. Lo que se comunique, cambie o aprenda dependerá de cada persona, pero el proceso de comunicar, cambiar y aprender es imparable. En el fondo estamos hablando de lo mismo desde diferentes puntos de vista, puesto que comunicar es influir, influir es facilitar el cambio y éste nos lleva al aprendizaje. Comunicar, aprender y cambiar son las bases de la PNL, que no se puede entender sin estos ingredientes. Cuando al inicio de este capítulo definía la PNL como “una forma de aprender adulta” me refería a lo que específicamente aporta la PNL al aprendizaje en sí. Y ¿por qué aprendizaje adulto? Porque aprender, como hemos visto, es un proceso que se da desde los inicios de nuestra existencia, pero de pequeños aprendemos sin ningún criterio ni autocrítica, sin valorar si ese aprendizaje nos va a servir más adelante o no; aprendemos tanto lo que nos posibilitará tener una vida mejor como lo que nos limitará en el desarrollo de la misma. Sin embargo, aprender de forma adulta implica aprender sólo aquello que queremos y/o nos conviene, y si es nuestro deseo aprender también de quien nos lo transmite.

    Aquí llegamos a un concepto clave en PNL: modelar. Modelar significa aprender de un modelo, de un maestro, de un gurú, de alguien que sabe-tiene aspectos que nos interesan desarrollar en nosotros por el motivo que sea. Eso fue lo que en los años setenta John Grinder y Richard Bandler se propusieron cuando se plantearon la pregunta: ¿Cómo lo hacen las personas que consiguen grandes cambios en la terapia? Y así dieron nacimiento formal a la PNL como disciplina, si bien es cierto que el aprendizaje de modelos es tan antiguo como el ser humano. Eligieron para su aprendizaje a tres terapeutas exitosos por entonces: Fritz Perls, creador de la terapia Gestalt; Virginia Satir, pionera en el enfoque familiar-sistémico; y Milton Erickson, que desarrolló la denominada hipnosis natural frente a la hipnosis clásica, en boga hasta entonces. Los tres eran excelentes maestros, expertos terapeutas que conseguían grandes cambios de forma más rápida que sus contemporáneos. De estos modelos (de ahí el término modelaje), así como de los enfoques que representaban, extrajeron hábilmente buena parte de sus mejores destrezas, demostrando que, si bien la maestría es fruto de años y años de experiencia, no hace falta pasar por la toda la experiencia de los modelos para llegar al mismo punto si se conocen las claves de su buen hacer terapéutico.

    El presente libro incluye apartados donde se desarrollan estos tres enfoques. Habla, por ejemplo, de cómo la Gestalt, la Terapia Familiar Sistémica y la Hipnosis Ericksoniana son aplicados al Coaching, en forma del Gestalt-coach; también habla de los desarrollos posteriores del enfoque sistémico que llevaron a Bert Hellinger a crear su metodología de ayuda sistémica denominada Constelaciones Familiares, de las cuales surge el Coaching Sistémico; y también de la hipnosis aplicada al Coaching. Bandler y Grinder también incluyeron como modelo a Gregory Bateson, antropólogo y experto en comunicación inglés afincado en los Estados Unidos que comenzó la investigación sobre las teorías de los sistemas y las paradojas en la comunicación entre otros temas. Bateson se interesó por las formas de relacionarse de los pacientes con el entorno institucional y familiar, y por las variaciones que esto producía en su conducta. Tomando ideas que provenían de disciplinas jóvenes como la Cibernética, la Teoría General de los Sistemas y la Física moderna llegó a pensar temas propios de las ciencias de la conducta de un modo realmente original. Por ejemplo, en lugar de preguntarse "por qué", o sea, en base a qué causas de su pasado una persona se comporta de una manera determinada, Bateson se preguntaba: “¿Qué efectos del efecto tienen influencia sobre sus propias causas?”; o "¿cómo está constituido el contexto actual de esta persona para que su conducta tenga sentido o sea coherente con la situación?". Así, Bateson, cuya aportación está en la práctica cotidiana de la PNL, fue un pionero en introducir cierta concepción teórica nueva en las ciencias humanas: su idea sistémica y cibernética de la comunicación que reemplazaba cierta forma de pensamiento causalista y lineal por otro circular. En el estupendo libro en dos tomos La estructura de la Magia (1975 y 1976), Bandler y Grinder recogen sabiamente el modelaje que hicieron de esos maestros de la terapia y del cambio, encontrando en el arte de la comunicación que la “magia” terapéutica tiene una estructura, es decir, que se basa en unos aprendizajes realizados por el modelo, de los cuáles puede ser que ni siquiera él o ella sea consciente de que los está usando. Si se sabe cuál es esa estructura fidedignamente, ésta puede ser aprendida con facilidad e implementada allí donde se precise. ¡Esto es básicamente la PNL! Por ejemplo, el mismo Bandler buscó modelos en San Francisco que se hubieran curado una fobia, poniendo para ello un anuncio en el periódico local del tipo: “Se buscan personas que se hayan curado una fobia”. Después de las pertinentes entrevistas extrajo lo más significativo de todas estas informaciones, focalizando lo que era más común y repetido en todos los casos. Al cabo de un tiempo, con la síntesis hecha y habiendo modelado a las personas que habían tenido éxito en el tratamiento de su fobia, fuera del modo que fuera, creó una técnica de cura de fobias. Y puso otro anuncio en el mismo periódico: “Se curan fobias de forma rápida”. Tal fue el éxito de este modelaje que aún hoy en día la PNL es conocida por la rapidez en el abordaje y tratamiento de las fobias, por la metodología denominada “cura rápida de fobias”, que funciona tal cual en la mayoría de los casos fóbicos. Así se forjó el inicio formal de la PNL como disciplina de autoconocimiento, comunicación, aprendizaje y cambio, y se puso la base de toda la PNL posterior, consistente en detectar “la diferencia que hace la diferencia” para que posteriormente pueda ser aprendida y enseñada fácilmente. Es por ello que otra de las definiciones de PNL dice: "Es el estudio de la diferencia que marca la diferencia”, lo cual sienta las bases de un aprendizaje adulto. ¿Y por qué insisto en que es un aprendizaje adulto? Porque es propio de la adultez decidir lo que más le conviene aprender a cada uno. Y funcionar con el parámetro del diseño de objetivos, que veremos más adelante, para conseguir tales aprendizajes. Un adulto es aquel que se plantea dónde está hoy y dónde quiere estar en un futuro; que entiende que para pasar del Estado Actual al Estado Deseado hacen falta unos recursos y un tiempo de adquirir nuevos aprendizajes y de hacer una serie de cambios.

    Adulto es aquel que toma su vida responsable y proactivamente en aras de conseguir los cambios que desea, y que además está dispuesto a pagar un precio por ello, tanto económico como de inversión de tiempo, de motivación, de aprendizaje, etc. Esta es también la base de toda la filosofía del Coaching, de la cual hablaré más adelante. A esta PNL inicial se la denomina “PNL de primera generación” y se caracteriza por “la intervención de un experto en el cambio hacía a otra persona”, actuando básicamente en el contexto de tratamientos individualizados y centrándose en la resolución de problemas. Era la época del llamado "cambio remediativo". A medida que se fueron implementando nuevos modelajes, la PNL dejó el marco psicoterapéutico para abarcar otros muy diferentes. Fue evolucionando y conceptualmente se pasó a la denominada “PNL de segunda generación”, donde se puso el acento del cambio en lo evolutivo y en lo relacional, abarcando campos como la enseñanza, la negociación, la salud, etc., e incidiendo sobre temas como las creencias y los valores de las personas y organizaciones. Aquí apareció una de las metodologías más potentes de la PNL, el trabajo con la línea del tiempo.

    La "tercera generación de la PNL” surgió a finales del siglo XX, poniendo énfasis en los cambios generativos y sistémicos, donde aspectos como la identidad, la misión y la visión tiene un lugar preferente, tanto en individuos como en organizaciones.
    Actualmente el aprendizaje de estas “tres generaciones” está incorporado en la mayoría de programas de formación en PNL de los diversos países en que se ofrece. Esta formación está respaldada por diversas asociaciones que velan por su calidad, como la Asociación Española de PNL (AEPNL), fundada en 1995. Se ofrece al público a través de distintos centros, tanto públicos como privados, en forma de cursos prácticos y estructurados según los diversos niveles de aprendizaje, denominados siguiendo la terminología original USA: Practitioner (practicante), Master Practitioner, Trainer’s Training (formación de formadores), Master de Coaching con PNL, Master de Salud con PNL, Master de Hipnosis con PNL, etc.

    A modo de resumen

    Aunque el modelaje ha evolucionado y sigue evolucionando desde sus orígenes, por la variedad de modelos de los que se ha aprendido y se sigue aprendiendo, sigue siendo la base del espíritu de la PNL para aprender de una forma rápida y eficaz, estando en el origen de todo aprendizaje ofrecido actualmente desde este marco. Joseph O’Connor y John Seymour nos ofrecen esta definición de PNL: “Es el arte y la ciencia de la excelencia personal. Es un arte porque cada uno da su toque único, personal y de estilo a lo que está haciendo, y esto nunca se puede expresar con palabras o técnicas. Es una ciencia porque hay un método y un proceso para descubrir los modelos empleados por individuos sobresalientes”. En resumen, la PNL estudia los procesos de autoconocimiento, comunicación, aprendizaje y cambio de las personas en su entorno, con el fin de mejorar en aquellos aspectos en que decidan hacerlo.

    También podemos decir que la PNL estudia cómo obtener lo mejor de nosotros mismos al modelar la excelencia de personas y sistemas, así como que es un enfoque pragmático y fenomenológico, en tanto descubre modelos útiles sedimentados en la experiencia más que en la teorización y la formulación de ideologías. En este sentido, difícilmente entra en competencia con otros enfoques psicológicos, filosóficos o de conocimiento, sino al contrario, los enriquece y complementa, al ampliar los marcos de referencia y de trabajo en que cada uno de ellos se mueve.

    http://www.pnlnet.com/chasq/a/20480

    Un abrazo
  • Dr. Alberto Linares Tejada
    Dr. Alberto Linares Tejada    Group moderator
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    Re: ¿Qué es la Programación Neurolingüística (PNL)? , por Vicens Olive
    Toni Oliver escribió:
    ¿Qué es la Programación Neurolingüística (PNL)? , por Vicens Olive
    Extracto del capítulo del libro “PNL & Coaching, una vision integradora” escrito por Vicens Olivé Pibernat y un grupo de colaborador@s. Editorial Rigden-Institut Gestalt (2010)
    Una de las definiciones clásicas acerca de ¿qué es PNL? nos dice que es “el estudio de la experiencia subjetiva”.
    >
    >
    >
    ....También añado que “trata de los procesos de comunicación, aprendizaje y cambio”, e incluso que es “una forma moderna de aprender a aprender”. >
    >
    Y para lograrlo la PNL se basa en otras disciplinas que tienen íntima relación
    con la forma como el ser humano incorpora experiencias y modelos; y a su vez
    los enriquece con sus propuestas basadas en la experiencia.

    De allí que la PNL tiene un enfoque SISTEMICO del "modelo" que cada ser humano
    hace para llevar a cabo su existencia.

    Alberto Linares Tejada