Quisiera compartir con todos vosotros la biografía de ésta mujer, gran artista, rebelde, guapa y con un amor propio y una dignidad increíble, y que ha sido injustamente ignorada o apartada a lo largo de la Historia del Arte, quizás ésta circunstancia derivada de su condición de fémina. Luisa Roldán, "la Roldana", vivió como quiso e hizo lo que quería hacer en la España del siglo XVII siendo mujer. Trabajadora incansable y buscadora con un talento que, a pesar de las incomprensibles reticencias que, aun hoy, persisten, superaba al de sus colegas masculinos en muchas de sus obras. Una de sus atribuciones más polémicas, La Esperanza Macarena, todavía suscita bastantes discusiones. Personalmente, y como artista que soy, mi opinión es que La Macarena, por sus aspectos estilísticos entre otras cosas, es obra de La Roldana.
Recomiendo encarecidamente los enlaces al final de éste artículo para observar sus obras.
LA ROLDANA
Luisa Roldán, más conocida como “La Roldana”, consiguió convertirse en una de las más destacadas escultoras de su época, ocupando su nombre un lugar de privilegio en el arte barroco español.
A lo largo del siglo XVII Sevilla se convirtió en la metrópoli más importante del arte barroco después de Roma. Si exceptuamos a Ribera, todos los genios de la pintura barroca española pertenecieron a la Escuela Sevillana: Velázquez, Murillo, Zurbarán...y no sólo de la pintura porque también en el ámbito de la escultura surgieron muchos maestros geniales, entre ellos una mujer: Luisa Roldán, más conocida como “La Roldana”. Esta artista a pesar de haber tenido una vida difícil, marcada por los sinsabores conyugales, la muerte de varios hijos y los problemas económicos, consiguió convertirse en una de las más destacadas escultoras de su época, ocupando su nombre un lugar de privilegio en el arte barroco español.
Luisa Roldán nació en Sevilla en 1654 en el seno de una familia de artistas ya que su padre, Don Pedro Roldán, tenía uno de los talleres de escultura de mayor renombre de la época en el que trabajaba toda la familia además de varios aprendices y artistas. Fue la tercera de ocho hermanos y se crió jugando con los utensilios que más tarde se convertirían en las herramientas de su trabajo. Demostró ser la más dotada de todos y por eso su padre comenzó desde muy pequeña a ofrecerle algunos encargos que pudieran afianzarla en la escultura, arte para el que parecía haber nacido. Se desvivió por ella y es de suponer que además de transmitirle toda su experiencia le proporcionó una educación excepcional para una mujer de esos tiempos. Luisa Roldán debió dedicar mucho tiempo al estudio, de hecho todo su posterior trabajo está inspirado por una profunda formación religiosa que solo la lectura de obras literarias y libros sagrados podía proporcionarle. Fue una mujer culta y con talento que demostró tener un carácter cariñoso y afable aunque lo que más destacaron de ella los testimonios de la época fue su fuerza y valentía a la hora de defender su arte.
Era de modestia suma, habilidad superior y virtud extremada. Aseguran que cuando hacía imágenes de Cristo o de su Madre Santísima además de prepararse con cristianas diligencias, se revestía tanto de aquel afecto compasivo que no las podía ejecutar sin lágrimas.
Con quince años Luisa Roldan se enamoró de un joven escultor, Luis Antonio de los Arcos, aprendiz en el taller familiar. Don Pedro Roldán se negó taxativamente a conceder la mano de su hija a un hombre que consideraba poca cosa para ella y aunque el tiempo acabaría dándole la razón, cuando Luisa cumplió los diecinueve se fugó con su amado y celebraron la boda en 1671 sin el consentimiento paterno. A partir de esta fecha Luisa Roldán rompe con todo su entorno que no le perdona una rebeldía inconcebible para los barémos de la época. Comienza de este modo su vida de casada con un hombre que enseguida demuestra ser lo que ya había vaticinado su padre: borracho, pendenciero y vago, dotado sólo para gastar el dinero que ganaba su mujer con un esfuerzo notable. Como si no fuera suficiente de los seis hijos que nacieron, cuatro murieron antes de los dos años y los dos que sobrevivieron adoptaron la actitud paterna, dejando a Luisa sola con la responsabilidad de una familia que había que mantener.
Las esculturas de la Roldana se caracterizaron por unas formas de gran expresionismo y sentimiento, logradas con melenas de cabellos y ropajes ondeando, como si fueran movidos por una brisa sanadora. Destacan la Esperanza Macarena, considerada como la virgen más bella de España; su versión dramática del Arcángel San Miguel aplastando al Diablo cuyo rostro era su autorretrato y el del demonio el de su marido, tan detestado por ella como para inmortalizarlo de este modo; Un Ecce Homo que representa un Cristo consumido por el dolor, representación conmovedora e intemporal que se alza como una muda condena de la violencia y muchas más, muchas de ellas atribuciones debidas a la sistemática apropiación de sus obras por parte de familiares o de su propio marido.
El 15 de Octubre de 1692 Luisa Roldán recibió el esperado nombramiento de escultora de cámara de Carlos II. A partir de esta fecha realiza numerosos grupos escultóricos en barro, belenes portátiles y obras de pequeño formato que gozaban de gran aceptación entre la nobleza cortesana. A pesar de trabajar sin descanso tampoco este nombramiento le supone la tranquilidad económica tan ansiada. Las arcas reales estaban agotadas y los pagos no llegaban nunca llevándola a una situación de indigencia tal que se ve obligada a escribir varias cartas al rey pidiéndole lo que es suyo por derecho.
LA ROLDANA:
A más de seis años que he tenido la dicha de estar a sus reales pies haciendo y ejecutando diferentes imágenes del agrado y devoción de Vuestra Majestad, se tenga por servida mandar me den vestuario o una ayuda de costa o lo que fuere de su mayor agrado que por estar pobre y tener dos hijos lo paso con gran estrechez pues muchos días me falta para lo preciso del sustento de cada día.
La difícil situación de Luisa Roldán no mejoró ni siquiera cuando murió Carlos II y fue nombrada por segunda vez escultora de cámara, esta vez bajo el reinado de Felipe V. La Roldana tuvo que seguir pidiendo y recibiendo pequeñas limosnas que sólo hacían más evidente su desesperada situación. A partir del año 1704 se dejan de tener noticias sobre la famosa escultora que debió morir, a pesar de su fama y talento, en la más absoluta pobreza.
Luisa Roldán, La Roldana, es la escultora barroca española más destacada de su tiempo. Nos ha dejado varias obras que merecen ocupar un puesto de honor en la historia del arte. Sin embargo esta mujer admirable todavía hoy es una desconocida y su nombre sólo ocupa una breve referencia en la mayoría de las monografías, víctima de un olvido secular que a estas alturas resulta intolerable.
Luisa Ignacia Roldán
(1652-1704?)
Luisa Ignacia Roldán, más conocida como La Roldana es una de las escultoras españolas que puede medirse en igualdad de condiciones con sus colegas varones, lo cual en pleno tránsito de los siglos XVII y XVIII sólo puede deberse a la calidad de su obra y a una personalidad tenaz que la convirtió toda su vida en una luchadora.
Nace en Sevilla y por ser hija de uno de los escultores más afamados del momento dentro del marco de la imaginería barroca, Pedro Roldán, tendrá desde muy pequeña la oportunidad de conocer de primera mano el trabajo del escultor y de aprender perfectamente su oficio. Su padre además, conocedor de su habilidad en la talla y su talento en la creación artística será el primero en introducirla en el oficio. Lo que no le hizo tanta gracia es que decidiera casarse con uno de sus aprendices y de hecho le prohibió casarse, si bien esa tenacidad de la que antes hablábamos y su determinación terminaron por llevar a Luisa al altar para unirse en matrimonio a Antonio de los Arcos. Juntos formaron un taller propio y empezaron un trabajo mutuo, en el que ella tallaba y esculpía, llevando el peso de los encargos y del trabajo del taller, y él, policromaba.
Asentada en Cádiz en esos primeros años de trabajo independiente empezará a recibir encargos para el Cabildo y conventos de la ciudad, que irán propagando su fama y su reconocimiento. Tanto es así, que en 1688, decide marchar a Madrid con la intención de alcanzar el cargo de escultora de cámara, lo que conseguirá finalmente gracias a un encargo real que le abrió las puertas de Palacio, San Miguel venciendo al demonio, hoy en el Monasterio de El Escorial.
Aunque muy al contrario de lo que ella pensaba, el nuevo cargo no iba a representar una mejora notable ni en su situación laboral, ni menos aún en la económica, porque la bancarrota de la Corte en tiempos de Carlos II, y la Guerra de Sucesión que se suscita a su muerte, hasta la definitiva llegada del nuevo rey Felipe V, la dejaron sin paga durante años, lo que le provocará no pocas miserias y penurias. Afortunadamente para ella, el nuevo rey la confirmará en su puesto de escultora de cámara nuevamente en 1701. Pero por desgracia su labor iba a tener ya muy poca continuidad. Desaparece de la documentación a partir de 1704, lo que hace pensar o en una enfermedad que la alejó del trabajo o lo que es más probable, en su fallecimiento. No fue por tanto una vida fácil, porque fueron muchas las adversidades que hubo de superar, sin olvidar que de los siete hijos que tuvo sólo le sobrevivieron tres, pero aún así logró el éxito profesional, gozando del favor popular y hasta de los encargos regios.
Su obra, muy influenciada por su padre, se inscribe en el trabajo que caracteriza la imaginería española de la escuela andaluza, que ya va derivando en esas fechas progresivamente hacia fórmulas más próximas a la sensibilidad rococó. Por ello desarrolla un trabajo elegante, equilibrado y de gran expresividad en los rostros, en el que prevalece la técnica del estofado en su policromía. Predominan de forma monotemática los encargos de carácter religioso que son los que llenan su producción. Ya más adelante sobre todo en su etapa madrileña, La Roldana, va adquiriendo una mayor carga emotiva en las piezas, más a tono con el aire rococó que progresivamente va inundando la escultura española de la época. Siguiendo la moda del momento, inicia su producción de belenes, y en esa misma línea se advierte también un mayor grado de realismo que explica la utilización más frecuente de postizos en las esculturas.
Desgraciadamente muchas de sus obras se han perdido por diferentes razones, y otras no se le pueden asignar con seguridad, pero aún así se conservan numerosas piezas procesionales en Cádiz y Sevilla, sin olvidar el Nazareno y la Dolorosa de Sisante en Cuenca, así como el ya mencionado San Miguel de El Escorial.
Para un estudio mucho más completo y monográfico de esta escultora recomendamos los numerosos trabajos publicados por Victoria García Olloqui, la verdadera especialista en la figura de La Roldana.
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La Escultora de Cámara y su Arcángel feminino:
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El público está cuchicheando e incluso el Rey Carlos II., el último de los habsburgos en el trono español, ya bastante degenerado y cuyo razonamiento siempre solía funcionar algo más que lentamente, empezó a asombrarse. La escena tiene lugar a principios de octubre del año 1692 en una fría sala del Palacio del Escorial. Ante el Rey perplejo y los espectadores ilustres han colocado lo que él había encargado: la escultura „El Arcángel San Miguel aplastando al Diablo“. ¿Pero por qué el Arcángel parece tener cara de mujer que algunos creen reconocerla?. Este guerrero de Dios lleva la cara de su creadora, y el diablo – ¡el rostro de su marido!
Así pudo haber sucedido la escena de la entrega de la obra maestra de la escultora sevillana Luisa Roldán (1652 – 1704), la que con este “Arcángel feminino” logró un doble triunfo: tratar sus conflictos matrimoniales mediante su arte y conquistar el puesto de escultora de cámara de Carlos II. Pues, al Rey le parecía gustar tanto ese San Miguel misterioso, que a su autora le otorgó este título, resultado de años de duro trabajo de la hija del famoso maestro Pedro Roldán.
La Influencia y el Esplendor de la Escuela Sevillana
Durante mucho tiempo, se creyó que el 1654 fue el año de nacimiento de Luisa Roldán, hasta que en 1984 se encontró su partida de bautismo, fechada del 8 de setiembre de 1652 en la Iglesia sevillana de Santa Marina. No hay que olvidar que su vida comenzó sólo tres años después de la catástrofe apocalíptica.
Iglesia Santa Marina: aqui se encontró la partida de bautismo de Luisa Roldán
La gran peste de 1649 había caído como un manto de tinieblas a la llanura bética, oscureciendo la ciudad más esplendorosa del imperio español y exterminando la vida de la mitad de sus 160.000 habitantes. Barrios enteros de Sevilla fueron despoblados y se convirtieron en ciudades fantasmales. La peste también causó estragos en el ambiente de las Bellas Artes, porque entre sus víctimas se encontraron cientos de los artistas más importantes de Sevilla, ante todos Juan Martínez Montañés (1568 – 1649), el „Miguel Angel español“. Ese genial maestro había definido los principios del arte y de la estética para la Escuela Sevillana como ningún otro en su época y sus esculturas-modelos se copiaron en gran parte del imperio español.
En la segunda mitad del Siglo XVI, siendo el centro y la bolsa del „comercio de Indias“, Sevilla fue la ciudad más rica de Europa durante breve tiempo. En el siguiente Siglo XVII ya comenzó el declive económico, pero al mismo tiempo, la urbe más cosmopolita de la España de los habsburgos entró en la época áurea de su vida cultural. Después de Roma, Sevilla llegó a ser la metrópoli más importante del arte barroco. Exceptuando a Ribera, todos los genios de la pintura barroca española pertenecieron a la Escuela Sevillana: Velázquez, Murillo, Zurbarán, Valdés Leal, Francisco de Herrera el Mozo. Simultáneamente, en el ámbito de la escultura sevillana surgieron muchos maestros geniales (aunque en algunos casos apenas conocidos a nivel internacional). Aquéllos se dedicaron casi exclusivamente al arte sacro para proveer a cientos de conventos y cofradías de Sevilla y muchas ciudades en los virreinatos ultramarinos de Cristos y Vírgenes. Por ello, hasta hoy día encontramos en las catedrales e iglesias de Lima, México, Puebla, Habana y Quito, numerosas esculturas y a veces retablos enteros de artistas sevillanos como Martínez Montañés, Juan de Mesa, Felipe de Ribas, Francisco de Ocampo. En la segunda mitad del Siglo XVII, les siguieron el maestro Pedro Roldán, su hija Luisa y toda la dinastía de artistas Roldán – Duque Cornejo.
Durante las décadas después de la catástrofe de la peste de 1649 se podía observar un deseo de recuperar la antigua grandeza y experimentar a la vez con nuevas formas de expresión artística.
Iglesia San Marcos: lugar de la boda A pesar de que la ciudad había perdido la mitad de su población y se enfrentó a una grave crisis económica, los artistas que habían sobrevivido la peste, reunieron todas sus fuerzas e inspiraciones para demostrar que podían referirse a las creaciones de la generación de Martínez Montañés y al mismo tiempo andar por caminos ultrabarrocos.
Una onda nueva de creatividad entró en los talleres de Sevilla. Mediante una acción concertada, los maestros del Barroco Sevillano diseñaron y trabajaron conjuntamente en las nuevas obras magnas de la ciudad como por ejemplo en el Hospital de la Caridad y en el de los Venerables, luego en el Palacio de San Telmo y en las grandes iglesias como La Magdalena y El Salvador. De esta manera, nacieron conjuntos espectaculares de pintura, escultura y arquitectura y por última vez, Sevilla pudo reconquistar su posición de metrópli de las Bellas Artes de España.
En ese ambiente inspirador, Luisa Roldán llegó a conocer personalmente a muchos colegas de su padre y fue testigo de la creación de las obras maestras que su padre terminó en los años sesenta y setenta del Siglo XVII (p.ej. el magnífico „Santo Entierro“ del Retablo del Hospital de la Caridad) y posiblemente, ya llegó a asistirle en aquella época. Pedro Roldán reconoció pronto el talento extraordinario de su hija Luisa, la favoreció como alumna entre todos sus hijos. Aparte de la influencia paterna, en las primeras obras de Luisa aún se nota la influencia de la generación de Martínez Montañés con la reproducción realista de detalles anatómicos. Pero pronto, Luisa Roldán empezó a buscar su propia expresión artística, aumentando el barroquismo movido de sus figuras a nuevas cumbres.
Una Boda por Amor
También en su vida privada, se independizó pronto. A los 19 años se casó con un joven escultor, alumno de su padre. Las particularidades de la boda de Luisa Roldán y Luis Antonio de los Arcos causaron cierto escándalo en la ciudad. Todo comenzó con la negación de Pedro Roldán que de ningún modo quería aceptar esa boda. No se sabe con exactitud, por qué el padre de Luisa se opuso a ese casamiento. Probablemente, ya preveía que el elegido de su hija talentosa no le igualaba a ella, que era inferior en todos sus dotes. Pero Luisa y su novio, resueltos de casarse por amor y también sin la bendición del padre, decidieron organizar un casamiento “clandestino”. El día 17 de diciembre de 1671, a petición de Luisa, el arzobispo de Sevilla mandó “secuestrarla” de su casa paterna para que la pareja pudiera manifestar su libre deseo de casarse ante un juez de la Iglesia e independientes de sus familias. Su deseo se cumplió como un “regalo de Navidad”, porque el 25 de diciembre de 1671, a pesar de que el famoso padre todavía estaba protestando, Luisa y Luis Antonio celebraron su boda en la Iglesia de San Marcos.
¿Cuántas veces Luisa Roldán se habrá arrepentido más tarde de haber contraído ese matrimonio en vez de darle la razón a su padre? Es que su marido no sólo demostró cada vez más claramente su falta de talento como escultor, como marido tampoco valía nada: apenas contribuyó al sustento de la vida de su familia y dedicó mucho tiempo a ocio y vicios.
Catástrofes privadas y triunfos profesionales
Desde la primera década, el matrimonio de Luisa y Luis Antonio parecía maldito por el destino. En los ocho años entre 1675 y 1683, cuatro de sus seis hijos murieron, la mayoría apenas alcanzó el segundo año de vida. Esas desgracias debían ser traumáticas para Luisa.
Al mismo tiempo, eran cada vez más frecuentes los conflictos con su marido. Pero en aquella fase oscura de su vida, la reconciliación con su padre influyente constituyó un rayo de esperanza para Luisa. Por su prestigio, abrió alguna y otra puerta para su hija y pronto, después de haber realizado varias obras importantes por mediación de su padre, Luisa obtuvo el nombre La Roldana.
La reconciliación entre padre e hija también se manifestó en una obra común, ya alabada por sus contemporáneos: el „Paso“ monumental de la cofradía „La Exaltación“ (el que hasta hoy día procesiona cada Jueves Santo por la tarde por las calles de Sevilla).
la Exaltación: obra de Roldán padre e hija
Pedro Roldán era el autor del Cristo de la Exaltación, Luisa talló los cuatro ángeles pasionarios y el ladrón bueno, así como el ladrón malo. En los años ochenta del Siglo XVII, Luisa recibió numerosos encargos de las cofradías sevillanas que organizan las grandiosas procesiones de la Semana Santa. Lamentablemente, pocas de las obras atribuídas están documentadas, en la mayoría de los casos se trata de atribuciones mantenidas por historiadores del arte que se basan en comparaciones con obras seguras de La Roldana, a veces con fundamento, a veces sin ningúno de ello.
la Macarena - obra de la Roldana? Todavía sigue actualmente la discusión entre los expertos, si Luisa Roldán puede ser considerada la autora de la más bella Virgen de España, la Esperanza Macarena. No hay – hasta ahora – ningún documento que lo compruebe, pero en caso de que se encuentre, „La Roldana“ obtendrá fama inmortal, ya que la Macarena, misteriosa „Mona Lisa entre las Vírgenes“, es una de las obras de arte más populares de la hispanidad, con un sinfin de reproducciones repartidas por muchos países latinoamericanos, aparte de España.
Pero a pesar de sus éxitos en Sevilla y la fama que obtuvo La Roldana en poco tiempo, la situación de competencia en la metrópoli del Barroco español era apretada. No es que hubiera faltado la demanda – que al contrario era inmensa – pero abundaban los escultores prestigiosos en la capital andaluza.
Este hecho también podía haber motivado la mudanza de Luisa a Cádiz (¿1685?), y luego, en el año 1689 a Madrid.
Las Obras Maestras y el Nombramiento a Escultora de Cámara
A mediados de los años ochenta del Siglo XVII, Luisa Roldán encontró su propio estilo como escultora, „barroquizando“ aún más la expresión artística que había aprendido en el taller de su padre. Se caracterizó por formas de expresión sentimental, a veces tierna, siempre marcadas por un barroquismo dinámico, logrado por melenas de cabello y ropajes ondeando, como si fueran movidos por imaginarias ráfagas de viento.
En el año 1684, para el Covento de los Carmelitas en Cádiz, La Roldana creó su primera obra maestra documentada: un Ecce Homo (hoy se encuentra en la catedral de Cádiz). Esa escultura casi „expresionista“ nos muestra Cristo como víctima de torturas y criatura humana que está sufriendo, con las facciones del rostro descompuestas y la boca abierta para lanzar un grito desesperado de dolor, las manos atadas agarran el manto de púrpura. Es una representación conmovedora e intemporal de angustia y deseperación humana, una muda condena de la violencia.
el Ecce Homo en la catedral de la Cádiz
Después de hacerse famosa y triunfar también en Cádiz, la ambición de La Roldana se busca un nuevo destino: el Palacio Real en Madrid. Era su deseo conseguir lo que ninguna mujer hasta entonces había logrado: ser nombrada „escultora de cámara“ por el Rey. La mudanza de Luisa y su familia a Madrid tuvo lugar en el año 1689, pero la realización de ese objetivo tardó tres años en cumplirse. En aquella época hubo un lobby de artistas sevillanos en la Corte de Madrid que desde el triunfo del genio Velázquez se había establecido allí. La Roldana habrá intentado de aprovechar los contactos de esos artistas sevillanos, pero tenía una desventaja decisiva: era mujer. Esperando en vano el gran éxito durante tres años, tuvo que fabricar pequeñas obras de barro cocido, especialmente belenes, para aristócratas caprichosos, hasta que en 1692 logró el triunfo con su versión dramática del Arcángel San Miguel aplastando al Diablo. El Rey Carlos II. quien había pedido esa escultura para decorar una sala del Escorial, se mostró muy contento con la obra, y el día 15 de octubre de 1692, nombró a la creadora de la misma “real escultora de cámara”. Con su obra maestra, La Roldana había logrado su objetivo.
El Arcángel feminino – ¿un Monumento del Feminismo?
Ese „Arcángel feminino“ es bien distinto de otras obras de Luisa Roldán que talló en la misma época madrileña. Quien conoce algunas de los pequeños belenes portátiles fabricados para las mesitas de noche de marquesas solteronas, notará en seguida la diferencia. Lo primero que salta a la vista es el tamaño (casi lo doble del natural) de ese San Miguel. La segunda diferencia es el material: no es de barro cocido, sino de madera. Lo tercero que destaca es la expresión de dinámica agresividad que tanto contrasta con los dulces y tiernos belenes de figuras graciosas. Actualmente, nos asombraríamos de tener una decoración de salón tan inquietante como es ése guerrero de Dios. Pero en su día, esa ilustración dramática del concepto dualista del mundo estaba de moda. El Arcángel, las alas majestuosamente desplegadas, vestido de una capa de color rojo sangre movida por el viento, está aplastando al Diablo, empujándolo con el pie izquierdo y arrojando el cuerpo desnudo del demonio al infierno. El Diablo, cornudo y atado con cadenas, alza los brazos desde el fuego llameante, lanza un grito desesperado de dolor y mira con los ojos torcidos a la espada de fuego del Ángel. Parece decidido el destino del mal (masculino) y está triunfando la figura de luz del Ángel (feminino) que parece bailar una danza de triunfo encima del cuerpo moribundo del demonio.
Pero Luisa Roldán también podía aprovechar esa obra maestra para un análisis despiadado de su crisis matrimonial, presentando el Diablo con la cara de su marido vicioso y prestando su propio rostro al Àngel que lucha valientemente por la victoria de la luz y de la vida. Sólo se puede especular sobre los detalles de los conflictos entre Luisa y su esposo, el que no sólo en esta obra de arte, sino también en la vida real, siempre se mantuvo en su sombra. Pero sin duda, con esa escultura, La Roldana, queriendolo conscientemente o no, ha creado uno de los monumentos más originales del feminismo.
el Arcángel Miguel venciendo al Diablo (fuente: véase abajo)
Víctima de la crisis económica
El triunfo profesional no le trajo riqueza, ni siquiera una existencia garantizada a Luisa Roldán. Pues, los pagos de la Corte real se efectuaron de manera muy irregular, ya que la Casa Real estuvo prácticamente en quiebra. Las numerosas guerras de Carlos II. y de sus antecesores y la pompa desmesurada habían vaciado las cajas del último monarca habsburgo en el trono español y los ríos de metales preciosos procedentes de los virreinatos americanos estaban agotándose. Unas cartas de Luisa dirigidas a la Reina Marianne von Neuburg, dan testimonio de la pobreza que sufrió la familia De los Arcos – Roldán en Madrid a pesar del éxito profesional de Luisa.
La crisis económica que se extendió por toda España y que también afectó a la Casa Real, llegó a tener dimensiones dramáticas durante los últimos años del reino de Carlos II. Incluso existen cartas de embajadores extranjeros que se quejan de sufrir hambre en la Corte. En la ciudad de Madrid, la situación era aún más catastrófica, así que en el año de 1699 hubo rebeliones en las calles de Madrid.
La situación personal de La Roldana se mejoró transitoriamente, porque en el mismo año heredó parte de la fortuna de su padre quien había muerto en Sevilla. Y el Rey le concedió un gran honor a su escultora de cámara: encargó una estatua de Cristo destinada a ser un regalo para el Papa Inocencio IX. Pero el Papa murió poco antes de la conclusión de la obra. Entonces el Rey pidió a la Roldana que le diera el Cristo para el Escorial. Pero esa escultura de Cristo no parecía traer suerte a ninguno de sus futuros dueños, porque antes de que llegara al Escorial, murió también el Rey, a principios de noviembre de 1700. Así que Luisa decidió quedarse con su misterioso Cristo con la cruz a cuestas que hoy día se encuentra en el Convento de Sisante en la provincia de Cuenca.
La triste muerte de la Escultora de Cámara
En octubre del año 1701, el nuevo Rey Felipe V. de la Casa de Borbón otorgó de nuevo el puesto de Escultora de Cámara a La Roldana, como lo había solicitado. Este segundo nombramiento constituyó un gran éxito de prestigio para ella, pero todos los detalles indican que Felipe V. pagando sus cuentas a su famosa artista fue tan moroso como su antecesor. Muchos honores y pocos dineros – con ese lema se podría titular la última década de vida de Luisa Roldán. Pues, después de que la inflación haya robado gran parte de la herencia de su padre, la situación de la familia de Luisa empeoraba cada vez más. De nuevo, la escultora sevillana escribió cartas a la Casa Real, pidiendo el pago de obras de arte que ya habían sido entregadas. Una situación grotesca: siendo La Roldana uno de las grandes escultoras de su época, famosa en España, apenas podía garantizar la sobrevivencia de su familia. Durante la profunda crisis económica en la que cayó España alrededor del año 1700, ella se convirtió en una figura trágica en el ámbito de la Corte que la honró con títulos, mientras que detrás de sus fachadas doradas ya estaba en quiebra.
En el año 1704 muere La Roldana en la pobreza, a pesar de su fama y éxitos, ni siquiera se sabe el día exacto de su muerte. Sin embargo, el prestigio e incluso la influencia estilística de la escultora más importante de España siguen vivos, por ejemplo en muchas esculturas neobarrocas que se crearon durante el Siglo XX para la Semana Santa de Sevilla. Y nos ha dejado tres obras maestras enigmáticas, que por sí solas ya ofrecen bastante razón para colocar su creadora en la galería de los maestros del Barroco: el „Ecce Homo“ de mirada acusatoria en la catedral de Cádiz, el misterioso Cristo de Sisante, y el Arcángel de rostro feminino en el Escorial.
Text + Fotos: Berthold Volberg
Recomendación:
El caiman recomienda fervorosamente la biografía magistral de la Dra. Maria Victoria Garcia Olloqui: "La Roldana", Guadalquivir Ediciones, Sevilla 2000 en la que se basa parcialmente este artículo y la Foto "el Arcángel Miguel venciendo al Diablol" fue copiado del libro recomendado
"La Roldana": una escultora en la Corte de Carlos II y Felipe IV.
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Para el campo artístico de la escultura en el panorama español, son muchos los nombres de artistas que pudiéramos citar. En los siglos XVII y XVIII, o lo que es lo mismo, en el barroco español, sobresaldrían nombres como Martínez Montañés, Alonso Cano, Pedro de Mena, Manuel Pereira, los Churriguera... y muchos más que quedarían por mencionar. En medio de este “parnaso” de escultores, donde el trabajo artesanal y artístico era un mundo de hombres, sobresale una mujer competente que nada tiene que envidiar a sus compañeros. Ella será, Luisa Ignacia Roldán “La Roldana”, escultora de cámara en la corte de Carlos II y Felipe V.
“LA ROLDANA”: UNA ESCULTORA EN LA CORTE DE CARLOS II Y FELIPE V
Luisa Ignacia Roldán nace en Sevilla en 1652, siendo el 8 de septiembre del mismo año su bautizo en la Parroquia de San Julián. Es hija del afamado escultor Pedro Roldán y de Teresa de Jesús de Mena y Villavicencio. Sus primeros años de vida y juventud discurrieron en la misma ciudad, donde compartirá junto con sus tres hermanas la afición por la escultura. Será Pedro Roldán quien descubra tempranamente el talento innato de su hija Luisa y la delicadeza a la hora del trabajo.
En el mismo taller de Pedro Roldán, trabajó el aprendiz Luis Antonio de los Arcos. Ambos se enamoran y consiguen casarse en 1671 a pesar de los impedimentos de su padre. Su historia de amor es digna de ser mencionada. Para que pudieran casarse, Luis Antonio de los Arcos pensó una estrategia para solicitar la palabra de casamiento de Luisa Roldán. Aprovechando que los padres de su amada habían salido, mandó a una criada que avisara a Luisa de su presencia, ésta le esperó en la puerta. Luis Antonio acudió con un amigo suyo procurador y juntos los tres, le pidió palabra de casamiento a lo que ella aceptó “y en señal desta palabra que fue aceptada por ambos se dieron las manos y en esto se despidieron “. Concluye la historia con su casamiento final el 17 de diciembre de 1671.
Entre 1671 y 1686 culminará un primer periodo escultórico en su obra, donde la colaboración en trabajos con su padre será lo que abunde, además de pequeñas obras de devoción dotadas de gran sensibilidad. Hacia 1686 se encuentra en Cádiz y allí pasara dos años más. Aquí se forja su estilo personal denotado sobre todo en los rostros y en un mejor tratamiento de las ropas. Algunos ejemplos de este momento se encuentran en la Catedral de Cádiz como un Ecce Homo de cuerpo entero o los santos patrones San Servando y San Germán, además de una Virgen de la Soledad y su Cristo Yacente en Puerto Real (Cádiz).
Hacia 1688 llega toda la familia a Madrid, sin saber muy bien la razón. Suponemos que la búsqueda de un mecenazgo en la capital sea una razón más que considerable, aunque la situación económica de la corona en estos años no sea la más adecuada. Se ha dicho que quien medió en su venida fuera don Cristóbal de Ontañón, ayuda de Cámara de Carlos II.
Tras realizar numerosos trabajos, en 1692 consigue el título de escultora de Cámara, hecho por el que ninguna mujer lo había conseguido en toda la historia artística de España. Quizá el buen hacer de sus obras, la sensibilidad y delicadeza de sus trabajos hicieron llamar la atención de la corte. A partir de aquí, si el pensamiento de Luisa Roldán fue quedar salvada de la ruina ante la protección real y próspero futuro de trabajo y dinero, sus expectativas cayeron de forma continua. Es a partir de su nombramiento cuando su vida será un continuo ir y venir de correspondencia reales para solicitar las necesidades más básicas.
Ecce Homo. Catedral de Cádiz. Etapa gaditana de La Roldana (1686-88).
El mismo año, se le informa a
Carlos II sobre la solicitud que Luisa hace para que se le asigne un sueldo diario, pero la ausencia de dinero hace que no le sea pagado hasta unos meses después, cuando se manda que se le entreguen 25 doblones. Estos nunca llegarían.
Para el otoño de 1693, Luisa escribe una carta a Carlos II solicitando “con plasa de escultora pobre y sin casa donde vibir ella y sus ijos “ una habitación en las Casas del Tesoro “que con eso tendra algun alibio que es mui grande su necesidad “. Las Casas del Tesoro era el lugar donde gran parte de los artistas que tenían el título de cámara vivían junto al antiguo Alcázar en lo que hoy es gran parte de la Plaza de Oriente.
La respuesta a su petición se produce en 1695 con la concesión de un sueldo de 100 ducados al año, los cuales tampoco debieron de llegar agravándose más su situación cuando se la obliga a realizar una serie de pagos. La situación era tensa y Luisa contesta al Rey de forma irónica en una carta diciendo “que el Condestable no la puede despachar cino es señalándole Vuestra Señoria Majestad de que caudal se le a de dar la racion que le toca ha el oficio de escultora de Vuestra Señoría Majestad. Y aci Señor por hamor de Dios se tenga por servido mandar con decreto a el Condestable me despache señalándole de donde” .
Pero no queda aquí la historia, cuando hemos de sumar que en el mismo año, un nuevo impuesto se le hace frente siendo la llamada “media annata” con un saldo de 15.000 maravedís. Luisa ya no tiene paciencia para más ironías
Ironías y, habiendo dejado pasar dos años más, en 1697, de nuevo escribe al Rey de forma más enérgica aunque con una realidad dura diciendo que “a mas de seis años que a tenido la dicha de estar a sus reales pies aciendo y ejecutando diferentes igmagenes del agradoy debocion de Vuestra Magestad y en consideracion de que esta pobre y com mucha nesecidad supplica a Vuestra Magestad se tenga por serbida mandar le den bestuario o una ayuda de costa o lo que fuere de su mayor agrado” .
San Miguel y el Demonio. Monasterio del Escorial. Posibles retratos de Luisa Roldán y su marido Luis Antonio de los Arcos.
Al año siguiente, en 1698, y puesto que la petición enérgica con Carlos II no le es válida, hace un nuevo intento, esta vez desesperado, de escribir a la reina Mariana de Neoburgo diciéndola “que por estar pobre y tener dos ijos lo pasa con gran estreches pues muchos dias le falta para lo preciso del sustento de cada dia y por esto mas precizada a pedir a Vuestra Majestad se tenga por serbida mandar se le de una racion de especies para que tenga su nesecidad algun alibio” . Siendo la reina más sensible que su marido otorgó que se la concedieran 25 doblones.
Sagrada Familia con el Niño dando sus primeros pasos. Excma. Diputación Provincial de Guadalajara. Etapa madrileña. Detalle. De posible escuela de la Roldana. Niño Jesús y San Juanito. Ermita de Todos los Santos (Móstoles-Madrid)
Termina el reinado de Carlos II con su muerte el 1 de noviembre de 1700, y Luisa Roldán quedándose sin mecenas tan solo había conseguido 25 doblones de la reina y continuos rechazos al sustento de su trabajo y su familia.
La llegada de un nuevo rey a la Corte, con ideas distintas, un nuevo aire cortesano de lujo y poder en la persona de Felipe V pudo llenar de ilusiones a la escultora quien no esperó en demasía para solicitar su permanencia en el cargo de escultora de Cámara, y así junto a su marido, regalaron a los nuevos reyes una Nacimiento y un Entierro de Jesucristo. La contestación, con demora y algún agravio le llegó en octubre de 1701. Si lo consiguió no fue por la buena aceptación del rey, sino por la intermediación del Marqués de Villafranca, ya que la opinión de Felipe V ante su obra fue “que esa mujer en lo que tiene más abilidad es en lo que toca a las hechuras de tierra por lo qual gustó de ella el Rey Nuestro Señor que goza de Diso, pues por los demas la practica suya no es considerable por lo que mira a obras de madera” .
El inicio del s. XVIII, aún con el cargo de escultora de cámara reconocido, la realidad es que Luisa no se debiera encontrarse en un estado de salud adecuado, ya que feneció, según el escrito de Palomino, “por los años de 1704 en esta Corte, y apenas a los cincuenta años de edad” .
Inmaculada. Convento de MM. Trinitarias (Madrid).
Santa Clara. Convento Descalzas Reales (Madrid). Imagen desaparecida en la Guerra Civil Española (1936-39).
Algunas notas a su estilo escultórico y temática:
Desde el punto de vista artístico, ya hemos indicado algunas de las características que más van a destacar en la obra de Luisa Roldán. Son muchas las esculturas que aparecen documentadas y conservadas de la escultura y en mayor número las que se atribuyen a su persona.
Por lo general hemos de decir, que trabaja principalmente la madera y el barro, aunque diríamos que su mayor especialización será esta última materia, creando grupos de escenas a modo de pequeños dioramas en su mayoría con temas de la Natividad.
En su obra veremos reflejado una sensibilidad extrema a la
hora de trabajar la figura humana, así como en la manera de representar las emociones y los rostros de los protagonistas de su obra. Una sensibilidad que ningún hombre escultor ha podido superar en el panorama. La materialización de este sentimiento es perceptible en la delicadeza con que trabaja las carnaciones de las personas bien en las manos bien en los rostros, así con el cuidado tratamiento que se impregna en sus vestiduras.
Aparición de la Virgen a San Diego de Alcalá . Victoria and Albert Museum (Londres). Detalle. Hemos de llamar la atención en la naturalidad de la escena y la sensibilidad en rostros y manos.
Como temática de su escultura, diremos que es enteramente religiosa destacando:
a) Temas pasionarios (Calvarios, Ecce Homo, Cristo Muerto, Dolorosas....)
b) Niño Jesús (en muy diversas posturas destacando la inocencia de sus rostros)
c) Temática mariana (Dolorosas, Virgen del Carmen, Inmaculadas, Divina Peregrina, Divina Pastora ...)
d) Sagrada Familia
e) Natividad
f) Santos.
g) Ángeles y arcángeles.
La obra de Luisa Roldán en Madrid:
Como hemos indicado anteriormente, son en gran número las obras que aparecen atribuidas a la misma autora, de las cuales muchas de ellas se encuentran bien en conventos o monasterios, bien en colecciones particulares. Por lo que a Madrid se refiere, hemos de pensar que no solo realizaría obras a encargo de la realeza, sino que su entrada en la corte hiciera que recibiera gran número de encargos particulares, bien de nobles o bien de congregaciones. Muchas de ellas aún pueden verse en Madrid del cual realizamos aquí una reseña a las mismas:
a) El Escorial:
- San Miguel y el diablo. Esta es la única obra de segura autoría que se conserva en la Comunidad de Madrid, en el Monasterio del Escorial, siendo quizá su obra maestra en la escultura por lo complicado de su ejecución y por el simbolismo que encierra sus personajes.
Se trata de un encargo directo de Carlos II, realizada en madera policromada. El arcángel San Miguel aparece de pie, en una posición de continuo equilibrio al apoyar sobre el demonio tan solo la pierna derecha, su pose es muy enérgica la cual contrasta con la dulzura que ofrecen las facciones de su cara. Por otra parte, el demonio se retuerce sobre sí mismo y en el suelo, con su rostro sorprendido pero temeroso de ser destruido por el ángel. El simbolismo que encierra la escultura tiene relación directa con la autora y su marido ya que se ha pensado que la imagen del ángel sea la de Luisa y la del demonio la de su marido Luis Antonio. Este planteamiento viene a colación del estado de ánimo de la propia escultora quien la relación con su marido no era de buen agrado ante la pasividad de trabajar Luis Antonio, y lo que se une la posible depresión ante su realidad pobre y austera.
b) Monasterio de las Trinitarias del Convento de San Ildefonso: Inmaculada Concepción.
c) Iglesia de San Isidro (Capilla Jesús del Gran Poder): 4 ángeles turiferarios.
d) Iglesia de San Nicolás de Bari: Inmaculada Concepción (sobre la puerta de la sacristía).
San Miguel y el Diablo . Monasterio del Escorial. Detalle
e) Monasterio de las Descalzas Reales:
- Santa Clara (desaparecida en la Guerra Civil).
- Arcángel San Miguel (hornacina del Salón de Reyes).
- Ángel de la Guarda.
- Arcángeles Rafael y Miguel: De un seguidor (Capilla del Milagro).
f) Monasterio de las MM. Mercedarias de la Purísima Concepción – Don Juan de Alarcón:
- San Rafael Arcángel.
- San Miguel Arcángel.
g) Ermita de Ntra. Sra. de Todos los Santos (Móstoles):
- Jesús Niño y San Juan Bautista.
h) Museo Provincial de Guadalajara (Guadalajara): Son obras de escuela aunque del momento madrileño.
- La Sagrada Familia con el Niño dando sus primeros pasos.
- San Joaquín y Santa Ana con la Virgen Niña.
BIBLIOGRAFÍA:
Hemos de apuntar que la mayor especialista en la vida y obra de La Roldana es Mª Victoria García Olloqui quien ha dedicado numerosos estudios a ambas facetas, reuniendo aquí sus publicaciones más sobresalientes.
1) CURROS Y ARES, Mª de los Ángeles y GARCIA GUTIERREZ, Pedro Francisco:
- Monasterio de las MM. Mercedarias de la Purísima Concepción – Alarcón -. Catálogo de Esculturas, Madrid, Religiosas de la Orden de Nuestra Señora de la Merced, 1997.
2) GARCIA OLLOQUI, Mª Victoria:
- Luisa Roldan, escultora de Cámara, Colección Arte Hispalense, nº 19, Sevilla, Exma. Diputación Provincial de Sevilla, 1978.
- La iconografía en la obra de Luisa Roldán, Sevilla, Artes Gráficas Rodriand S.A., 1989.
- “Alteraciones en la vida y obra de La Roldana en torno a los años 1692 y 1704” Revista Escuela de Imaginería, Año II, nº 9. Sevilla, enero-febrero, 1995, pp.13-17.
- “La iconografía de La Natividad en la obra de la Roldana: El problema de los belenes atribuidos: Diferencias, estudio estilístico y opiniones cualificadas” Fuentes, nº 1, 1999 [en línea: http://www.cica.es/aliens/revfuentes/num1/olloqui.htm]
- Luisa Roldan. La Roldana. Nueva biografía, Sevilla, Ediciones Guadalquivir, 2000.
3) GILMAN PROSKE, Beatrice:
- Luisa Roldan at Madrid, New York, The Hispanic Society of America, 1964.
4) GUERRA DE LA VEGA, Ramón:
- Guía para visitar las Iglesias y Conventos del Antiguo Madrid, Madrid, Gráficas Monterreina S.A., 1996.
5) MARTÍN GONZALEZ, Juan José:
- Escultura barroca en España, 1600-1770, Manuales de Arte Cátedra, Madrid, 1983.
6) MONTOTO, Santiago:
- “El casamiento de la Roldana” Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, Tomo IV, Cuaderno XV, septiembre 1920, pp. 113-120 y Tomo IV, Cuaderno XVI, diciembre 1920, pp. 144-148.
7) PALOMINO DE CASTRO Y VELASCO, Antonio:
- El Museo Pictórico y Escala Óptica, Madrid, 1715. Edición Aguilar, Madrid, 1947.
Texto por David Gutiérrez Pulido, miembro de nuestra Asociación. Todas las imágenes han sido tomadas de García Olloqui, Mª Victoria (2000) por la gran calidad que ofrece en su publicación.
Besos:
Pepa