Medicine

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  • Maria Celeste Vergara
    Maria Celeste Vergara
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    Buenas tardes, queria proponerles que ingresen a mi blog... entendiendolamente.blogspot.com para que opinen sobre el articulo del neurologo David Owen sobre la influencia del sindrome de Hubris en los pricipales lideres mundiales...
    Es importante para mi su opinion, mi idea es crear un blog para que los profesionales de la medicina y las personas interesadas opinen y debatan...
    Mi idea es publicar a diario distintas entradas siempre referidas al tema... para que entre todos colaboremos y creemos una comunidad de debate sobre algo tan complejo e interesante como la mente humana...
    Muchas gracias por su tiempo.
  • Prof. Dr. Ester Matzkin
    Prof. Dr. Ester Matzkin    Group moderator
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    Muy bueno tu tema Marìa Celeste, las presiones y la responsabilidad que conlleva el poder afecta la psiquis , como resultado de una afectacìon a nivel neurològico. de quienes lo ejercen.
    Se deja traslucir en situacione en los cuales uno visualiza accionares de imprudencia y toma de decisiones por su cuenta, sin consultar ,porque piensan que sus ideas son correctas., aunque sean erròneas, es que nunca reconocen la equivocacìon y siguen actuando en su quehacer..
    El síndrome responde más a una denominación sociológica que propiamente médica, aunque losmèdicos somos conscientes de los efectos mentales del poder. El Sindrome de Hubris.El psiquiatra Manuel Franco,lo explica muy bìen:
    "Una persona más o menos normal interviene en política y de repente alcanza el poder o un cargo importante. Internamente tiene un principio de duda sobre si realmente tiene capacidad para ello. Pero pronto surge la legión de incondicionales que le felicitan y reconocen su valía. Poco a poco, la primera duda sobre su capacidad se transforma y empieza a pensar que está ahí por méritos propios. Todo el mundo quiere saludarle, hablar con él, recibe halagos de belleza, inteligencia.....".

    Esta es sólo una primera fase. Pronto se da un paso más "en el que ya no se le dice lo que hace bien, sino que menos mal que estaba allí para solucionarlo y es entonces cuando se entra en la ideación megalomaniaca, cuyos síntomas son la infalibilidad y el creerse insustituible

    Dra Ester Matzkin.
  • Dr. Alberto Linares Tejada
    Dr. Alberto Linares Tejada    Group moderator
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    Hola María Celeste yo tengo mi propia hipótesis:

    no es una mayoría la que desea ser presidente de un país ¿cierto?,

    ¿ no será que aquel que desea tener el poder; dice que para servir a su pueblo y a su país ya carece de un "hambre de reconocimiento· que lo hace proclive a desarrollar este síndrome?;

    ¿no será el famoso "sentiemiento de inferioridad" del que hablaba Alfred Adler discipulo de Freud el que motiva a querer detentar el poder?

    ¿No será que primero ya existe un perfil narcisista en algunos casos, megalomaníaco en otros el que motiva a querer ser presidente y luego en el poder se manifiesta abiertamente este sindome?

    No quisiera hacer generalizaciones; pero sin embargo en la mayoría que desea ser presidente de un país ¿no existe ya un perfil determinado?

    Bueno simples conjeturas a ser investigadas.

    Alberto
  • Prof. Dr. Ester Matzkin
    Prof. Dr. Ester Matzkin    Group moderator
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    Alberto, Sindrome de Hubris-Megalomanìa-Narcisismo, confluyen en un Sindrome Bipolar?. que opinas?.
    Trastomo Narcisista de personalidad, cuyos rasgos más importantes son:




    1. Grandiosidad:

    Un ego anormalmente hipertrofiado, un concepto absolutamente inflado de sí mismo y fuertes tendencias egocéntricas. (Por ejemplo: se creen los más bellos, inteligentes, predestinados, mesiánicos, seductores).

    2. Exhibicionismo:

    Necesidad de atención y admiración constantes. Tendencia al lucimiento en base a la apariencia física, la vestimenta, dotes intelectuales o peculiaridades de la personalidad.

    3. Omnipotencia:

    Se plantean metas y proyectos mucho mas allá de sus capacidades reales y de las posibilidades que brinda el ambiente.
    4. Fragilidad de la autoestima:
    La inflación egocéntrica determina una necesidad de suministros narcisistas prácticamente insaciable.. Mientras fluyan abundantes gratificaciones, hay una exaltación de la autoestima. Tan pronto ocurre una frustración, a veces por detalles nimios, la personalidad se hunde. Estas debacles han sido llamadas pseudo-depresiones, por cuanto no involucran añoranza o pérdida de amor como en las verdaderas depresiones. Y apenas duran horas o pocos días, restableciéndose la autoestima tan pronto ocurre una nueva excitación.

    5. Incapacidad de amar:

    Como toda la carga afectiva está concentrada en el propio ego, no hay disponibilidad afectiva para las demás personas. A pesar de las exuberancias emotivas y seductoras que suelen desplegar los narcisistas para cautivar a las personas, no son capaces de amar genuinamente, sino que las utilizan para el logro de sus propósitos o necesidades. Los narcisistas carecen de escrúpulos y podría decirse que "caminan sobre cadáveres".

    6. Juicio de realidad:

    Al no ser capaces de ver más allá de su propio ego, ellos tienden a falsear y a negar aspectos obvios de la realidad que no concuerdan o favorecen sus propósitos. Por eso los narcisistas suelen fracasar en sus proyectos, porque sólo ven lo que les conviene y proyectan la culpa sobre los demás cuando algo no sale bien.
  • Dr. Alberto Linares Tejada
    Dr. Alberto Linares Tejada    Group moderator
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    Ester, yo no junte Sibdrome de Hubris-Megalomanía- Narcisismo

    Lo que dije es que muchos de los que desean detentar el poder podrían tener rasgos narcisistas de personalidad no he dicho ni he dado diagnóstico de personalidad narcista, podría haber un componente megalomaníaco si quieres subclínico y que una ves en el poder podría manifestarse el sindorme mencionado.

    Lo que me pregunto qué es primero el sindrome mencionado? o la posibilidad de ciertos rasgos que llevan a entrar fácilmente en el sindrome?

    Más aún a pesar de que soy médico no me gustan los rótulos ni los diagnósticos clínicos en situaciones en que mas vale un diagnóstico descriptivo por eso me encanta la psicoterapia. No creo Apreciada Ester que todo tenga que manejarse con el DSM o con el CIE, pues etaríamos muy parametrados. Sé que mi opinión chocará con la ortodoxia, el stablishment y los que son muy ligados a la academia.

    Es mi opinión, podría estar equivocado.

    Alberto
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  • Prof. Dr. Ester Matzkin
    Prof. Dr. Ester Matzkin    Group moderator
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    GRaciela, El sindrome de Hubris, es un interesante tema, ""dificil, problemàtico, pero consider que es esencial tratarlo.""" ESpero tu comentario.""
    El delirio de los políticos. Sindrome de Hubris El poder no está en manos del más capaz, pero quien lo ostenta cree que sí y empieza a comportarse de forma narcisista., con rasgos de megalomanìa.,se define en psiquiatría como la sobreestimación delirante de las propias capacidades. Delirio de grandezas; convicción irracional de la propia riqueza, fama o poder. No es una enfermedad por sí misma mientras no alcanza el nivel de delirio, de obsesión, de carácter claramente patológico. Y cuando alcanza estos niveles es tan sólo un elemento más en el síndrome de enfermedades mentales graves. En una sociedad que tiende a la depresión, unas dosis razonables de autoestima, que le acerquen a uno a su propia realidad, ayudan lo suyo. Pero cuando adquieren la misma intensidad que las depresiones, pero en el polo opuesto, y no digamos si se alternan con éstas, constituyen un serio peligro no sólo para el que sufre estos accesos de delirio, sino para todo el entorno que los ha de sufrir.
    El ex político británico y neurólogo David Owen analiza el llamado ’síndrome Hubris’, un trastorno común entre los gobernantes que llevan tiempo en el poder..El Sindrome de Hubris,es un problema que no está caracterizado como tal por la medicina, pero que tiene síntomas fácilmente reconocibles, entre los que destacan una exagerada confianza en sí mismos, desprecio por los consejos de quienes les rodean y alejamiento progresivo de la realidad.
    “Las presiones y la responsabilidad que conlleva el poder termina afectando a la mente”, explica Lord Owen, que ha recogido en su nuevo libro ”En la enfermedad y en el poder’ las conclusiones de seis años de estudio del cerebro de los líderes políticos. “El poder intoxica tanto que termina afectando al juicio de los dirigentes”, afirma.
    Este problema es antiguo, aunque ha evolucionado con el tiempo. Fueron los griegos los primeros que utilizaron la palabra ‘Hubris’ para definir al héroe que lograba la gloria y ‘borracho’ de éxito se empezaba a comportar como un Dios, capaz de cualquier cosa. Este sentimiento le llevaba a cometer un error tras otro. Como castigo al ‘Hubris’ está la ‘Nemesis’, que devuelve a la persona a la realidad a través de un fracaso.
    UN saludo muy afectuosos y Bienvenida.
    Ester.
    Dra Ester matzkin.
  • Rafael García Chacón
    Rafael García Chacón
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    Sobre el Síndrome de Hubris
    Muy interesante -Dra. Ester- sus comentarios. Por lo que veo en América Latina hay al menos un personaje que padece claramente de este síndrome (podrian se más).

    Hasta pronto

    Rafel García
  • Daniel Ayet Rodríguez
    Daniel Ayet Rodríguez    Group moderator
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    Hola a todos.
    Agradezco a Ester su invitación a participar en este Grupo. Creo que no hace falta presentación ya que no soy médico y poco sé del tema (como en verdad saben casi todos los médicos, sólo que más que yo). Para ver qué hago sólo hace falta un click en el perfil; con varios de vosotros comparto, por otra parte, algunos grupos.
    Pero a las cosas: han tocado un tema que me toca. Se habla aquí de los políticos y creo que sobre ellos puedo aportar un poco.
    En primer lugar la denominación dada por Owen al Sindrome de Hubris nace no de un estudio profundo de una serie de pautas médicas, sino de su propia necesidad de defenestrar a un grupo de Tory's frente a los que habían chocado sus ansias de ocupar cargos que, como lo describe Andrew Brown "estaban muy por encima de reales capacidades intelectuales y emocionales". No se trata (el de Owen) de un análisis científico, metodológico, que siguiera protocolos y analítica de tiempo y espacio, sino de un mero argumento político. Como tal debe -insisto: debe- ser tratado.
    Usar la mención de este sindrome, de cuya existencia en algunas personas no pongo dudas, para aludir al político en general es descalificar gratuitamente a miles de personas en todo el mundo que están en política, que trabajan para la "polis" -que tan frecuentemente citaba Pericles- o que viven para la sociedad y sus gobiernos.
    Durante años he trabajado con políticos; nunca ocupé un cargo electivo ni jamás me presenté como candidato a elección alguna. Sólo he luchado por mis ideales, por lo común desde el anonimato y, cuando me sacaron de él, fue nada más que por ser un referente partidario.
    La ambición de poder y de dominio es intrínseca en el hombre. De Machiavello a Julián Marías, de Anaxagoras de Clazomene al impresentable Al Gore, todos coinciden en la existencia de esta condición. Lo vemos en el día a día: la procura del ascenso, del crecimiento interior, o intelectual, o físico -inclusive-; todo va por la vía de la ambición y la mayor y tal vez mejor aspiración social y humana es el poder.
    Sólo desde el poder se pueden cambiar las desigualdades, se pueden alterar las formas y los fondos de las costumbres para construir una sociedad más justa y equilibrada. Tratar de alcanzar ese poder a través del consenso de las masas es bueno, es noble, es sano.
    No vale la pena analizar si todos buscan lo mismo o todos buscan medrar en beneficio propio. Si la política es el arte de lo posible, meter a todos los políticos en la misma bolsa húbrica me parece un despropósito.
    Un político "en acción" es un especimen digno de análisis. Primero, debe afrontar su lucha por llegar. Luego la guerra por permanecer. Llega cargado de ideas -hablo del honesto, el político-patriota que, aunque muchos lo descrean, los hay y en cantidad- en general revolucionarias. Lo mueven propósitos sanos y nobles y se siente un cruzado medieval en guerra contra los "infieles" a sus teorías. Después lo absorbe el sistema, pero esa es otra historia y no siempre cierta.
    Un político en ejercicio lleva sobre sus espaldas el peso agobiante de la sociedad en estado permanente y natural de justo reclamo. Voy a citar una semana típica de un destacado político argentino, con el que tuve el honor de compartir largas jornadas electorales. Los amigos le decíamos Toto y llegó a ser en los hechos prácticos el Presidente de Argentina, aunque su cargo era Vice-Primer Ministro del Interior.
    Arrancaba un lunes de invierno, antes que amanezca, en la Santa Rosa de 6 grados bajo cero, tomando mates en la sede partidaria, atendiendo los asuntos que le hacían llegar sus electores, escuchándolos, proveyéndole para el cubrimiento de situaciones de urgencia que iban desde la consecución de un trabajo a la internación de urgencia de un hijo en un centro avanzado. En los inexistentes entremeses, reuniones de distinto nivel con la gente, escencia en síntesis de su condición de dirigente. A veces se trasladaba a centenares de kilómetros para asistir a un acto social, cívico o partidario y regresaba a a madrugada, con más cansancio y sueño que el perro de huesos de García Márquez. El martes: más reuniones y avión a Buenos Aires. Larga seguidilla de encuentros, con disputas, cruces de intereses, negativas y aceptaciones. Obligada cena en uno u otro recinto, embajada, club, empresa; odiaba esto, pero debía ir: era su deber. Miércoles de preparación de sesión en la Cámara de Diputados. Un ir y venir infernal, con decenas de personas esperando su audiencia, voces estentóreas, teléfonos que no paran de sonar: el ámbito perfecto para el inferto por stress. Una comida rápida en la que se seguía hablando de las cosas del país y de la gente y otra noche de atraganto, repitiendo lo de ayer.
    Jueves a la mañana de pulimientos: del discurso a pronunciar, de las ponencias a sostener o las que rebatir, todo en un contexto de estudio permanente e inacabable.
    Mi padre, sabio como todo padre, acuñó una vez en su diario correntino una frase que ha marcado mi existencia: "Todos los políticos y todos los periodista tienen la obligación social de tratar de ser enciclopédicos". Uno y otro, en consecuencia, tienen el deber y obligación del estudio constante y multidisciplinario. Necesariamente agobiante.
    Jueves mediodía: comida ligera, igual que ayer y luego, a las cuatro de la tarde, el timbre de la Cámara llamando a Sesión. Una hora con el repiqueteo de ese timbre que no te deja un instante ni en ningún lugar. Insisto: en ningún lugar; ni un solo instante.
    La Sesión: horas maratonianas, discursos inacabables, ponencias, ardides, alianzas, traiciones. El Recinto es -y lo afirmo categóricamente de tanto observarlo- un espejo diminuto de la sociedad en su conjunto. Este martirio, físico e intelectual, suele acabar a la madrugada. Pese a ello, a la mañana muy temprano del viernes más reuniones, más citas, más problemas. No hay vuelo a La Pampa, así que a darse la paliza de 6 horas de coche, jugándose la vida -de hecho: varios la perdieron- para llegar a tiempo a la inauguración de hoy. Y el sábado será igual que el lunes, solamente que en casa; y el domingo quizá un poco más relajado por imposición de la mujer y la familia, pero siempre a dos teléfonos. Y al otro día la vuelta a empezar.
    Qué mueve a estas personas? Creen ustedes, sapientes contertulios, que el dinero, el poder intrínseco y fáctico, la fama. No. Los mueve la gente, su gente. Aquella a la que prometió ocuparse de sus problemas, tratar de mejorar su vidas, elevar el nivel de educación de sus hijos. No todos, por suerte. Pero en su gran mayoría el político deja la vida en aras de buenos propósitos, de ideas, de conceptos, de visiones sociales. Sabe que tiene poco tiempo para alcanzar tan altas metas y sabe, también, que si no cuemple con todos los papeles del escenario de las tragedias será relegado al olvido y al ostracismo con lo que no habra sido fiel a sí mismo ni a los que en él creyeron.
    Miren: en Barcelona, mi médico de cabecera de la Seguridad Social está chalado; totalmente. Pero empieza en el Oncológico de Bellvitge a las 08:00 -vive a 50 minutos en moto de allí- y sigue en el CAP Manso desde las 15:30 hasta las 21:00. Dispone de siete (7, sí 7) minutos por consulta/paciente. Le pagan mal, lo atienden peor, nunca tiene todo para todos y vive amargado por ello. Por qué lo hace? Claro, como es médico, dirán Ustedes: por amor a la vida, por dedicación a sus pacientes, por necesidades económicas, por injusticia social. No sólo por eso. Tabién lo hace por ambición: la ambición de llevar salud a la gente, la ambición de alcanzar lugares más altos en el contexto de la medicina para poder darle a su gente lo mejor de sí mismo que sabe que lo tiene y lo quiere exportar para provecho y beneficio de los otros. Ambición de llegar un día a ser factor de poder para cambiar lo que sabe que está mal y debe ser corregido en beneficio de la "polis". De la gente.
    Pero hay médicos que lucran con el dolor, las penas y vergüenzas ajenas. No hace falta que los describa: ustedes los conocen. Y hay policías iguales, y docentes iguales, y trabajadores de tiendas iguales. "Somos lo que somos" dijo Bradbury. Y no hay más.
    La descalificación gratuita de los que no saben es otro de los grandes problemas de los políticos.
    Obviamente: todos odian a Owen.

    Perdón por la parrafada. Pero este viejo combatiente del sistema sigue revelándose ante la injusticia de algunos conceptos. Y antes de meter todos los gatos en la misma bolsa recuerden -por favor, recuerden- que hubo y habrá Guevaras y Kings y tantos otros que dieron su vida por la "polis".
    Saludos,

    Daniel
  • Daniel Ayet Rodríguez
    Daniel Ayet Rodríguez    Group moderator
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    Copiar-y-pegar del blog de la niña que inició esta conversa.
    This post was modified on 02 Jul 2008 at 11:38 am.
 
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